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Las historias siempre nos atraen y la ciencia ficción es un hermoso lugar para experimentar: mundos atrayentes, personajes oníricos, realidades paralelas y mucho más. Por tal motivo, presentamos 10 cuentos de ciencia ficción cortos para compartir. 

Cuentos de Ciencia Ficción con autor

Luna y los perronautas (Eva María Rodríguez)

Había una vez una perrita que tenía un sueño: quería ser astronauta. Se llamaba Luna, y por eso todos creían que el nombre se le había subido a la cabeza.

En realidad, eso no importaba. Fuera como fuese, Luna quería viajar al espacio y convertirse en perro astronauta.

Todos los perros se reían de ella.

—Los perros no son astronautas, y menos los que son como tú.

Luna no sabía a qué se referían los demás perros y no les hacía caso.

Un día, mientras miraba a las estrellas mientras los demás perros se burlaban de ella, aparecieron por allí un grupo de perros nuevos.

—Buscamos a Luna —dijo el que parecía el jefe.

—Soy yo dijo —dijo ella—. ¿Quiénes sois vosotros?

—Somos los perronautas y venimos a invitarte a que te unas a nosotros.

Todos los demás perros estaban atentos a lo que ocurría. Uno de ellos gritó:

—Los perros como ella no valen para nada.

El jefe de los perronautas le dijo:

—Tu vecino cree que como te falta una pata no sirves para esto, pero no es cierto. Has demostrado ser muy capaz.

Después le dio una caja y le dijo:

—Ahí hay una prótesis que te ayudará a hacer mejor la misión que tenemos para ti.
Luna se fue con los perronautas y entrenó muy duro para unirse a ellos en la siguiente misión.

Pero en la escuela de perronautas encontró otros perros que también se burlaban de ella y la creían incapaz por tener solo tres patas, incluso a pesar de usar la prótesis.

A medida que avanzaban los entrenamientos las burlas fueron a peor, sobre todo porque Luna era, con diferencia, la mejor de todos los aspirantes.

Como los que se reían de ella no estaban dispuestos a quedar por detrás, decidieron hacer trampa para dejar a Luna fuera. Y así, el día de la prueba final, le sabotearon la prótesis de la pata.

LLuna y los perronautasuna se hizo mucho daño cuando la prótesis falló. Pero estaba tan preparada que consiguió pasar las pruebas tan solo con sus tres patas. No quedó la primera, pero logró superar a muchos otros perros, incluso a los que le habían dañado la prótesis.

Todos los jueces aplaudieron a Luna por su tesón y su empeño. Ella consiguió su puesto y los que habían saboteado su prueba fueron expulsados.

Luna está cada vez más cerca de cumplir su sueño. Quién sabe; tal vez, la próxima vez que mires al cielo Luna ya estará por allí, viajando de un planeta a otro, o contemplando la Tierra desde el satélite que tiene su mismo nombre.

El meteorito de caramelo (Eva María Rodríguez)

 

Había una vez un planeta hecho de caramelo; de caramelo del duro, de ese que tienes chupar porque si lo muerdes te puedes romper un diente.

El planeta de caramelo estaba completamente deshabitado, pues nada podía crecer en él. Y pasó inadvertido durante milenios hasta que un día explotó. Y miles de trozos de caramelo salieron disparados por el universo.

Uno de estos trozos se fue directo al planeta Tierra. Los potentes telescopios y estaciones espaciales que los humanos usaban lo detectaron enseguida. Todavía quedaba mucho para el impacto, pero si algo era seguro es que aquel enorme meteorito de caramelo impactaría en la Tierra.

Los humanos más importantes y más listos del planeta Tierra empezaron a trabajar. La prioridad en aquel momento era desviar el meteorito o sería el final de la humanidad y de muchas otras especies.

El general Candyman —cuyo nombre no podía ser más adecuado— se hizo cargo de coordinar el operativo para salvar a al mundo de aquel terrible destino.

Pero tras varios días de trabajo intenso no había encontrado ninguna solución definitiva. Aquel pedrusco de caramelo sería la perdición del mundo.

Ya estaba desesperado, cuando se presentó en la base central la hija pequeña del general Candyman.

—¿Qué te pasa, papi? —preguntó la niña.

Sin darse cuenta del trauma que podría causarle a la niña con sus palabras, el general Candyman contestó:

—Vamos a morir todos por culpa de un meteorito de caramelo que no podemos desviar ni destruir.

Pero la niña, lejos de asustarse, se puso a saltar de alegría y gritó:

—¡Bien! ¡Papá va a romper un meteorito de caramelo y vamos a tener lluvia de gominolas!

El general Candyman abrió los ojos de tal manera que por poco no se salen de sus cuencas.

—¡Eso es, mi pequeña golosa! —exclamó.

EEl meteorito de caramelol general Candyman reunió a los mejores cocineros y pasteleros del mundo. Tenían que encontrar la manera de convertir aquel enorme caramelo gigante en pequeñas gominolas blanditas.

Después de mucho trabajo consiguieron crear una bomba de zumo de frutas y gelatina. También tuvieron que construir una lanzadera especial para lanzarla y dar justo en el blanco. Finalmente, tras innumerables cálculos y muchos nervios, lanzaron la bomba.

Y poco después las gominolas empezaron a caer, haciendo las delicias de pequeños y mayores.

Y así fue como el general Candyman, gracias al ingenio goloso de su hija, salvó a la humanidad de un final espeluznante.

El verano del cohete (Ray Bradbury)

Un minuto antes era invierno en Ohio; las puertas y las ventanas estaban cerradas, la escarcha empañaba los vidrios, el hielo adornaba los bordes de los techos, los niños esquiaban en las laderas; las mujeres, envueltas en abrigos de piel, caminaban torpemente por las calles heladas como grandes osos negros. Y de pronto, una larga ola de calor atravesó el pueblo; una marea de aire tórrido, como si alguien hubiera abierto de par en par la puerta de un horno. El calor latió entre las casas, los arbustos, los niños. El hielo se desprendió de los techos, se quebró, y empezó a fundirse. Las puertas se abrieron; las ventanas se levantaron; los niños se quitaron las ropas de lana; las mujeres se despojaron de sus disfraces de osos; la nieve se derritió, descubriendo los viejos y verdes prados del último verano. El verano del cohete.

Las palabras corrieron de boca en boca por las casas abiertas y ventiladas. El verano del cohete. El caluroso aire desértico alteró los dibujos de la escarcha en los vidrios, borrando la obra de arte. Esquíes y trineos fueron de pronto inútiles. La nieve, que venía de los cielos helados, llegaba al suelo como una lluvia cálida. El verano del cohete. La gente se asomaba a los porches húmedos y observaba el cielo, cada vez más rojo. El cohete, instalado en su plataforma, lanzaba rosadas nubes de fuego y calor. El cohete, de pie en la fría mañana de invierno, engendraba el estío con el aliento de sus poderosos escapes. El cohete creaba el buen tiempo, y durante unos instantes fue verano en la tierra.

Las langostas (Ray Bradbury)

Los cohetes incendiaron las rocosas praderas, transformaron la piedra en lava, la pradera en carbón, el agua en vapor, la arena y la sílice en un vidrio verde que reflejaba y multiplicaba la invasión, como espejos hechos trizas. Los cohetes vinieron como langostas y se posaron como enjambres envueltos en rosadas flores de humo. Y de los cohetes salieron de prisa los hombres armados de martillos, con las bocas orladas de clavos como animales feroces de dientes de acero, y dispuestos a dar a aquel mundo extraño una forma familiar. Dispuestos a derribar todo lo insólito, escupieron los clavos en las manos activas, levantaron a martillazos las casas de madera, clavaron rápidamente los techos que suprimirían el imponente cielo estrellado e instalaron unas persianas verdes que ocultarían la noche. Y cuando los carpinteros terminaron su trabajo, llegaron las mujeres con tiestos de flores y telas de algodón y cacerolas, y el ruido de las vajillas, cubrió el silencio de Marte, que esperaba detrás de puertas y ventanas. En seis meses surgieron doce pueblos en el planeta desierto, con una luminosa algarabía de tubos de neón y amarillos bulbos eléctricos. En total, unas noventa mil personas llegaron a Marte, y otras más en la Tierra preparaban las maletas.

Reparando una nave espacial (Adrián Castañeda)

Hace muchos años, cuando Kevin estaba disfrutando de un día estupendo en su jardín, un objeto bastante extraño se aproximaba hasta su posición, de forma muy torpe. Cuando el objeto estuvo al alcance de su vista, descubrió que se trataba de una nave espacial, cuyo tripulante tenía bastantes problemas para controlarla.

Tras unos momentos llenos de incertidumbre, la nave aterrizó de forma brusca en el jardín de Kevin. Tal fue la violencia del aterrizaje, que una de las patas que la sustentaban quedó seriamente dañada. Un daño, que alarmó enormemente a su ocupante, un joven extraterrestre de color grisáceo, al que Kevin se acercó muy despacio para evitar que se asustara mucho más.

Cuando llego a su altura, se sorprendió enormemente al ver como las lágrimas surcaban su rostro.

-Ya sé que la rotura de tu nave te parece algo terrible, pero no es nada que no pueda repararse en un par de horas.

Decidido a ayudar a su nuevo amigo, se marchó hasta el garaje de sus padres, para buscar los materiales y herramientas necesarias para dejar la nave espacial, como si nunca le hubiera pasado nada. Al ver que el humano cumplía con su palabra, el extraterrestre dejó de llorar, acercándose hasta Kevin para ver qué es lo que estaba haciendo.

Pasado el tiempo acordado, tanto la pata como la nave, estaban como nuevas, permitiendo al pequeño ponerla en marcha, no sin antes expresarle todo su agradecimiento a Kevin desde una de las ventanas de la nave.

Cuentos de Ciencia Ficción inventados

Ideas locas de acero

Ideas que son locas, ideas que surgen de la nada. Basta con un pensamiento, un sueño, de esos sueños que se producen sin cerrar los ojos, soñar despierto, en los que empiezas a ver todo tipo de extravagancias hasta que ves la posibilidad de crear algo inimaginable o una creación de laboratorio. Se trataba de crear un gran robot, con la posibilidad que te ayudará en los quehaceres del mismo y siempre con la fija idea de que algún día se pudiera comercializar.

Sucedió con la persona encargada de un laboratorio Dr. Taylor, de investigaciones científicas. Ocurriéndosele aquella noche la creación de un gran robot que le ayudara en las tareas del laboratorio, que tuviera una capacidad de resistencia superior a la del ser humano. Muchas ideas se forjaban en su mente no sin antes apesadumbrar todos los temores que una barbaridad de esas pudiera afectar su reputación, al extremo que lo pudieran tildar de loco.

Inició con la valentía y el coraje necesario para la planificación de su gran proyecto, haciendo uso de su investidura comenzó a buscar todo lo necesario para empezar a engranar las piezas, probablemente nunca perdió la esperanza que alguien que se encontrara dentro del mismo nivel de capacidades que pudiera ayudarlo a desarrollar su gran proyecto.

Fueron largos días y noches incansables de trabajo, tiempos buscando las piezas para armar aquel gran rompecabezas, mucho esfuerzo económico y humano, la incertidumbre los embargaba. Sí, todo aquello valdría la pena.

Después de largos meses de incasable trabajo agotador, el objetivo fue creado y patentado como una pieza de laboratorio creada para ciertos auxilios laborales que en definitiva podrían realizar el trabajo de tres personas todas ellas trabajando a tiempo completo.

La creación de aquel objeto mecánico trascendió las fronteras del país llegando a conocerse en los países más recónditos del mundo, los pedidos comenzaron a fluir y los resultados de aquel esfuerzo mayúsculo iniciaron a dejar sus frutos.

El virus

Hace tiempo que la tierra ya no es el paraíso terrenal que fue en su tiempo. La sobreexplotación de los recursos ha llevado la vida humana a una situación límite.

La contaminación de las aguas, por parte de las industrias de todo el mundo han hecho que enfermemos. La población se ha visto diezmada, pero lo políticos siguen manteniendo que todo sigue bien.

La gente se amontona en las calles pidiendo alimento y agua, pero nadie consigue nada para llevarse a la boca. El primer mundo ha pasado a convertirse en una cloaca, así que no quiero imaginarme esos países que dejamos a la mano de Dios mientras explotábamos sus recursos.

Hace un tiempo que los hospitales deberían estar llenos pero, sin embargo, los médicos parecen calmados y tranquilos. Hay algo que aquí no marcha bien, algo está pasando.

Pasan los días y empiezan a suceder cosas extrañas, ya no se oye a gente pidiendo en las calles, hay tranquilidad, incluso silencio. Hacía años que eso no sucedía.

Decido coger mi mascarilla radioactiva y pasear por lo que queda de bosque. Es raro, juraría que el bosque estaba más cerca, sólo veo montones de tierra a mí alrededor. Cuando me asomo a uno de ellos veo un cadáver, pero el cadáver es verde, y tiene los ojos inyectados de sangre.

Intento irme de allí lo más rápido posible, oigo unas voces detrás de mí, me giro y tienen una pistola. Intento levantar las manos para mostrar que no voy armado. Mis manos ya no son mis manos, ahora son verdes, son del mismo color que el cadáver. Uno de los uniformados se acerca a mí, ya es demasiado tarde – me dice – Adiós.

Mi otro yo

 

Era una mañana normal, yo estaba en mi cama pero sabía que algo no iba bien. Ella estaba allí. No sé quién era, pero se parecía a mí. No sólo se parecía a mí, sino que hablaba como yo.

Le pregunté su nombre, aunque ya sabía la respuesta, y dijo el mío. Se estaba preparando para ir a la escuela con mis cosas, y le pregunté que qué hacía. Me contestó que mí tiempo se había acabado, que era hora de que me retirase y ella tomara mi lugar.

Dijo que si no me portaba bien mi padre me llevaría al taller, no sabía que era el taller pero no me quedaría para averiguarlo.

Salí corriendo de la habitación y bajé las escaleras corriendo. Mi padre me llamó, pero tenía voz de enfadado, así que seguí corriendo saliendo por la puerta trasera y adentrándome en el bosque.

No sé cuánto tiempo estuve corriendo, pero no paré hasta que sentí que la zona en la que me encontraba no era conocida. Me senté debajo de un árbol a pensar en lo ocurrido. No entendía nada, quién era la otra chica, por qué se parecía a mí y por qué iba a ocupar mi lugar.

Oí unos pasos cerca de mí y me volví, y allí estaba mi padre con su mueca y cara de enfado. Dijo que sabía dónde encontrarme ¿cómo lo sabía? Yo nunca había estado aquí. Algo hizo que se me nublara la vista y perdí el conocimiento.

Me desperté en mi cama, era por la mañana de nuevo, todo había sido un mal sueño. Llamé a mi madre para contarle mi pesadilla y que ella me calmara, siempre lo hacía. Cuando se lo conté, con voz dulce me dijo que no pasaba nada, pero que mejor me portase bien o mi padre me volvería a llevar al taller.

Roberto el astronauta

Roberto era un niño muy listo, pero en el colegio se aburría: siempre explicaban las mismas cosas y nunca hablaban de cuestiones interesantes.

Un día le preguntó a su profesora  por qué no les hablaba de astronautas, y ella le contestó que eso eran cuentos chinos y que nunca nadie había llegado a la Luna. Roberto le dijo que él sería el primero en hacerlo, y toda la clase se rio.

Roberto se puso manos a la obra y se hizo un traje espacial y lo llevó a su colegio. Pero en vez de obtener el efecto de admiración que se esperaba, se burlaron de él. Dijeron que con un disfraz no llegaría a la luna.

Así que Roberto se enfrascó en la construcción de una nave espacial. Durante días y días estuvo trabajando fuertemente.

Un día en el colegio los invitó a pasar la tarde en su casa para que vieran como despegaba su nave espacial. Esa tarde Roberto les demostró a todos sus compañeros que sería el primero en llegar a la Luna.

Marix

Marix era un pequeño marcianito del planeta Marte que vagaba por las infinidades del universo. Se encontraba muy solo porque nadie más le había acompañado en su aventura.

Había pensado que pronto encontraría alguien con quien saltar en los anillos de Saturno y visitar las tres lunas de Júpiter.

Se encontraba ya en las proximidades de Alfa Centauri, cuando vio una pequeña nave parecida a la suya. Intentó enviarles un mensaje por radio, pero lo único que obtuvo fue un mensaje ininteligible.

Así que decidió seguirles. Durante días y días estuvo siguiendo la nave a lo largo de la galaxia recibiendo mensajes raros en su radio. Llegaron a un planeta que tenía grandes masas de líquido rosado a su alrededor y la nave aterrizó cerca de una de ellas.

Marix se puso rápidamente su traje espacial y corrió para salir de su nave. Se encontró rápidamente rodeado de un montón de bichitos que hablaban un idioma que él no entendía. Por suerte, uno de ellos trajo un aparato que cuando encendió traducía todas las lenguas de la galaxia.

El sabio que tenía el aparato, le explicó que cuando él era joven había recorrido la galaxia para crear un diccionario de todos los idiomas y que estaba preparando otra expedición, pero que él ya era muy anciano para emprender tan arduo viaje, y le preguntó si él quería seguir con su tarea.

Marix le contestó que llevaba años viajando y que quería encontrar un amigo con el que jugar porque estaba muy aburrido. El sabio le dijo que no habría problema, y que en cuanto encontrase a alguien retomarían la expedición.

A los pocos días el sabio volvió a buscar a Marix y le dijo que había encontrado quien le acompañase. Marix no se lo podía creer, era la criatura más bonita del universo. Y juntos emprendieron el viaje para recuperar todas las lenguas de la galaxia.